miércoles, 22 de abril de 2015

Crónicas Capítulo IXXX - La Noche en que los lobos atacaron

-          Necesito ayuda, por favor, están atacando mi casa, por lo que más quieras ¡Ven rápido!

La luz de la luna se cierne sobre la ciudad… Era un mensaje de voz bastante convincente… No quise contestarle el teléfono porque sabía que él solo llama para pedir favores… Maldita mediocridad humana.

Tenía en mis manos este dilema, ir y ayudarlo (lo cual sería lo correcto) y atenerme a las consecuencias - está metido en problemas, pero no son mis problemas - o por otro lado hacer oídos sordos y arriesgarme a perder a la persona que más quiero… A la única que he amado en realidad.

Es bastante obvia la decisión que tomé, pues ahora me encuentro atravesando la ciudad de techo en techo, de poste en poste, lo más rápido que puedo, que mi agilidad me lo permite. En verdad soy muy predecible, aunque trato de no serlo… tengo que hacer algo conmigo.

Me encuentro ya bastante cerca de la casa (dos pisos y una azotea a medio construir), que rápido se pasa el tiempo mientras uno anda sumido en sus pensamientos. Es cosa seria la casa está rodeada de licántropos, un grupo de entre veinte a treinta, esto va a ser difícil, no hay forma de entrar, no por los lados al menos, por suerte no es la primera vez que tengo que entrar a esa casa furtivamente.

Puedo aprovechar una entrada semibloqueada y medio camuflada en el techo, vaya que los licántropos pierden su racionalidad cuando se trasforman, si fueran un poco inteligentes entrarían por allí. Tengo que acercarme sin que noten mi presencia.

De un salto llego al techo, maldición, dos me han visto, puedo manejarlo. Desenvaino mi espada y hago dos movimientos sagaces… La decapitación siempre me ha parecido el mejor método para matar estas criaturas, funciona con casi todos los tipos de mounstros y es sencillo de realizar. Es hora de entrar.

-          ¡Hola Dragón! Vaya faena que se ha armado ahí afuera – bromeé.

-          Cállate y ayúdame, debo sacar a mi familia de aquí con vida – dijo preocupado.

-          Ja ja ¿Es una maldita broma? estamos completamente rodeados, no hay forma de salir con tu familia. Podemos abrirnos camino peleando, pero habrá bajas – dije con tono malicioso.

No lo digo en serio, jamás permitiría que a ella le pasara algo, pero en verdad era complicada la situación, aun así me gusta provocarlo.

-          Yo puedo pelear con ellos, pero mi habilidad produce demasiado daño colateral y mi familia saldría lastimada también.

Cuando él empieza a pelear su aura empieza a incrementarse en volumen e intensidad, haciéndolo cada vez más fuerte y quemando todo a su alrededor, de ahí el apodo de Dragón, pero no puede controlar el daño colateral, simplemente dañará a cualquiera que esté a su alrededor, menuda habilidad más problemática la que desarrollo.

-          ¿Y tú esperas que yo cargue a tu esposa, a tu hijo y a tus dos hijas? ¿Acaso tengo cara de minivan? – dije en tono de burla.

Me gusta bromear, hasta en los peores momentos… Por si no ha quedado claro.

-          Tenemos que pensar en alguna manera, pronto llegarán a este pasillo. Tú eres el estratega, idea una forma – me miró suplicante.

-          Ja ja de acá no los saca con vida ni el Duque de Wellington… Vamos a necesitar ayuda extra, por suerte estoy seguro que los refuerzos andan alrededor… ¡DANTE! - grité.

-          ¿Él está aquí? – dijo en tono de disgusto, parece que se le olvidó que está metido en tremendo lío.

-          Eres su maestro, aunque lo hayas expulsado de tu lado por ayudarme, siente respeto hacia ti, le has enseñado todo lo que sabe y es un guerrero excepcional gracias a ti.

Un estruendo resonó sobre nuestras cabezas, Dante venía en caída libre y había destrozado el techo, siempre él tan sutil.

-          Lamento la demora – se disculpó Dante.

-          No te preocupes por eso ahora, lo importante es que está aquí – No lo vi en los alrededores cuando llegué, debía estar oculto esperando para hacer una entrada dramática y salvar el día.

-          ¿Qué haces tú aquí? Te dije claramente que nuca volvieras – recriminó Dragón.

-          Relájate, lo necesitamos si quieres sacar a tu familia de aquí con vida. Bien, ahora sí. Este es el plan: Tú irás al frente masacrando todo lo que se te cruce, abrirás el camino. Detrás de ti irá el inútil de tu hijo (su padre quiere que sea un guerrero, como él, pero algunos simplemente no han nacido para eso), al menos dentro de su incapacidad puede seguirte el paso. Yo iré detrás llevando a tus dos hijas y asegurando los lados, puedo manejar mis espadas utilizando mi aura, así que no importa si tengo las manos ocupadas, igual puedo pelear, para cerrar irá Dante llevando a tu esposa y disparando con su mano libre, nos cubrirá las espaldas. ¿Todos listos? ¡Inicia operación “trensito humano”!

Dragón se puso en estado de ira e inició la marcha, rompió una pared y empezó a despedazar a los licántropos en frente suyo, buen inicio. Atravesamos la sala y rompió la ventana que daba a la calle. Me encanta cuando los planes resultan exacto como yo digo.

Oigo disparos detrás de mí, un licántropo se le escapó a Dragón y se ocultó en un rincón de la sala, supongo que iba a atacarme a mí, ellos tienen debilidad por las chicas jóvenes. Tal como suponía, Dante es excelente tanto al frente como en la retaguardia.

Llegamos a la calle, la situación está bastante mal, pero nosotros somos realmente capaces. Dragón, el mejor guerrero de su generación, yo fui en mis mejores épocas un guerrero legendario que nunca nadie pudo vencer en combate, y Dante era el que me dio más pelea, éramos enemigos en ese tiempo… ahora es mi mano derecha.

Dragón ha destrozado varias gargantas de licántropos, ellos no son rivales para él, ni para mí. Varios otros que no estaban al frente se nuestro se lanzaban hacia nosotros con sus garras por delante ¡Ilusos! Solo se lanzan hacia su propia muerte. Blando mis espadas alrededor cortando sus gargantas con mi acero. No pueden ni acercarse.

Dante ya sacó su espada también, es realmente fuerte para poder mover semejante espada con solo una mano. Nunca deja de sorprenderme cuando lo veo. Su espada corta el viento con serenidad y precisión hasta llegar a su objetivo.

Por otro lado tengo delante de mí a un tipo que es todo lo opuesto, solo brutalidad, frenesí sangriento, despedaza a sus enemigos con sus manos, sin la mínima muestra de arte al hacerlo… Ni siquiera un patrón, todo es caos acompañados de alaridos.

Los vecinos abandonaron sus casas, se escucha las sirenas de la policía a lo lejos, nadie creerá lo que digan los que sobrevivan a esto. La gente vive rodeada de un mundo que no entiende, no conoce; pero conservan su tranquilidad. Se mantienen bien en la ignorancia.

El número del grupo de los lobos se ha reducido a la tercera parte de lo que era, los pocos que quedan se debaten entre huir o lanzar un último ataque desesperado sin posibilidad de victoria, decisión difícil, honor y muerte están ligados para ellos, aunque siempre es mejor vivir para luchar otro día.

Como si escucharan mis pensamientos, uno de ellos da un aullido y emprende la retirada, los otros lo siguen. Se alejan en dirección contraria a la nuestra… En otra situación iría tras ellos y no dejaría a ninguno con vida, pero tengo cosas de las que preocuparme ahora. Continuaré mi camino junto a Dante, Dragón y su familia… Quiero aprovechar estos momentos a su lado en los que puedo cuidarla.

Nos alejamos de los escombros a los que hasta hace poco tiempo ellos llamaban hogar, ahora ya no queda nada, y no se puede reconstruir, el lugar está marcado y no pueden volver a vivir ahí nunca más… Estoy bastante seguro de lo que se avecina, me haré el difícil solo por molestar, aunque al final terminaré accediendo…


Nadie habla mientras nos movemos, el ambiente está cargado de tristeza y desasosiego por lo que la familia está dejando atrás, amistades, recuerdos, el techo que les dio cobijo durante toda su vida, no es fácil el momento, pero al menos están con vida, eso es lo que cuenta.

Al borde

Se encontraba sentada al borde del acantilado mientras pensaba en lo que había sido su vida hasta ahora, sin embargo, no quería pensar en lo que aún le esperaba por vivir. Se rehusaba a mirar hacia adelante, pues creía que nada bueno le esperaba allí. Estaba segura que no había nada allí para ella, solo más de lo mismo.

La apariencia de las nubes no la ayudaban, decía que le gustaban los días nublados y fríos, sin embargo se quejaba de ellos cuando ocurrían. Depresión de invierno le llaman en algunos lugares. Las nubes grises le impedían ver el color azul del cielo, esto suele hacer que el resto de cosas a nuestro alrededor se vean más opacas, sin brillo, sin vida.

Miraba hacia abajo y el mar se veía agitado por el frenético movimiento de las olas, pero dentro de este había una armonía que denotaba un ritmo, una tranquilidad; así se sentía ella, con dos fuerzas contrarias en su interior. La serenidad y el tormento. Todo a su alrededor indicaba esta dualidad, entonces no era solo ella.

Era tarde y hacía frío, llevaba ropa de manga larga que cubría casi todo su cuerpo, no se sentía bien, pero tampoco hacía nada por cambiar eso. Solo se mantenía así, inmóvil. Cualquiera que la viera no se imaginaría la guerra que estaba ocurriendo en su interior, serenidad y tormento, una lucha de poderes con una magnitud inimaginable.

Pronto empezaría a oscurecer, lo cual era bueno, sería más invisible ante los ojos escrutadores de la gente que busca reprochar los comportamientos ajenos. Le gustaba la noche, pero también le temía, para ella era un refugio, pero no la protegía de los peores enemigos, pues también era el entorno perfecto, las condiciones ideales para el acecho.

Siempre podía quedarse allí, quieta, inerme, que pasara lo que tenía que pasar, no estaba dispuesta a levantar un dedo, ni para hacer algo bueno ni para evitar algo malo. Aún no era el momento. Siempre sola.

No estaba segura con respecto a lo que iba a hacer. Aún no quería regresar a casa, no sabía si quería alguna vez regresar a casa, aunque la idea de no hacerlo le aterraba, mientras más tiempo pasaba menos probable era que eso ocurriera, solo quería quedarse ahí para siempre, eternamente con su tranquilidad sacada del agobio y la frustración. Nada importaba ya.

Le gustaban los animales, sobre todo los gatos, por alguna razón este tipo de personalidades son atraídas por los felinos amigos, pero a su alrededor no se movía ningún animal, ni siquiera podía notar a las hormigas moviéndose a su alrededor. Nada. Nadie.

Ya era oscuro y miraba las estrellas, solas, separadas por enormes distancias unas de otras. Le gustaría ser una, estar solo ahí, alumbrando el camino de los viajeros, sirviendo de guía a los navegantes, y contándole el futuro a los oráculos. Ese sería un buen trabajo, un trabajo simple por toda la eternidad. Una buena existencia.

Muchos pensamientos rondaban su mente, bastaba con que una sola persona tuviera fe en ella y ella podría ser salvada, pero al mismo tiempo, ni siquiera todas las personas del mundo podrían ayudarla. Nunca sola, siempre sola.

Las luces de la ciudad se veían muy bonitas, pero era un mundo apartado, ella no pertenecía a ese mundo multicolor lleno de vida. Ella conocía la peor parte de ese mundo y nadie podría cambiar esa impresión… Sencillamente había dejado de ser parte de eso, y no podía creer como los demás simplemente encajaban con ridícula facilidad.

Absorta en sus reflexiones acerca de su existencia, completamente distraída de lo que ocurría a su alrededor, no notó una presencia que se cernía sobre ella. Venía del lugar más inesperado, y aunque hubiera estado atenta no lo hubiera visto venir. Solo alcanzó a oír las palabras “Es momento de volver a casa…”