Para comenzar a relatar mi historia, tendría que empezar diciendo que desde pequeño ya había malicia en mí, no sé si es normal, creo que los niños son crueles, pero nunca he escuchado a alguien decir que de pequeño hacía cosas con tendencias casi psicóticas, quizá no son sinceros o quizá solo yo y otros pocos más seamos los del problema.
Recuerdo pequeños fragmentos, anécdotas de mis primeros años, en el nido, por ejemplo, recuerdo a un compañero que me caía mal, aunque no logro recordar el por qué, quizá solo me molestaba la vista verlo... Entre las cosas que le hice, la peores fue empujarlo de un barco que había en el Parque de las Leyendas. Ahora que he ido no me parece tan grande, pero cuando solo mides medio metro, debe ser como caer de un segundo piso y medio.
Otra cosa que recuerdo es mi fiesta de cuatro o cinco años, en el que vino una animadora, y aunque no sabía bien el por qué, me senté casi justo debajo de sus piernas mientras hacía su show, y me pasé todo el rato tratando de mirar entre sus piernas, no sabía qué ni por qué; instinto, supongo.
No sé qué tenía con el sexo, pero recuerdo que tenía una vecina de mi edad en ese entonces, en unos de los edificios al frente del que yo vivía, y nos escondíamos, nos bajamos el pantalón y la ropa interior, y nos mostrábamos y tocábamos nuestras "partes". Creo que el instinto sexual es algo innato, aunque quizás solo fuera curiosidad, en todo caso, no sé, supongo que no es tan normal.
Para cerrar la etapa cuatro - cinco años, mencionaré que no todas eran anécdotas sexuales o capítulos con instintos asesinos, yo también quería lo que sueña todo niño, ser un héroe, al punto de que me caí sobre una planta con espinas para que una niña que me gustaba (no recuerdo quién, pero vecina también) no se lastimara. Había algo bueno también en mí.
Pasemos a lo siguiente que recuerdo que me haya marcado, paso a tener siete años, año 1997, segundo de primaria, tengo dos experiencias significativas aquí. Como siempre, tenía que haber algo relacionado al sexo en mi vida:
1. Estaba en un colegio mixto, había una niña llamada Pamela, no recuerdo el apellido, sino la buscaría en alguna red social, soy muy bueno "stalkeando". Era una niña que me gustaba molestar, no porque me gustara, como diría Freud, sino porque simplemente tenía cara de una niña "molestable", por el puro placer del bullying.
No recuerdo las circunstancias, pero nos sentamos juntos en una clase de inglés, la última del día. Y por cosas del Orinoco, ella me dijo que quería ser mi novia, quería que la besara, yo tenía siete años y obviamente me daban asco los besos, intercambiar saliva era algo sencillamente fuera de los límites, así que opté por otro tipo de tratos de pareja que no incluyera intercambio de fluidos, terminó siendo todo lo contrario.
De nuevo sin entender bien el por qué, empecé a tocarla la pierna que estaba para mi lado, su pierna izquierda, más que la pierna el muslo y a subir y bajar mi mano, acariciándosela. y cada vez subía más y más, hasta que estaba a punto de llegar a su ropa interior, y ella me cogía la mano, me la bajaba como hasta su rodilla y me decía: "Ahí no". Y yo nuevamente le acariciaba la pierna, poco a poco iba subiendo, y de nuevo ocurría lo mismo.
Habrá ocurrido unas cuatro o cinco veces, hasta que en una de esas me dejo llegar hasta su calzón, y debajo de él. Yo no sabía lo que me esperaba ahí, no tenía idea de cómo sería el tacto (estoy teniendo una erección al recordar esto). Seguro pensarán que era un ganador, que campeoné teniendo siete años o algo así... Nada más lejano de la realidad.
Lo que ocurrió fue que le toqué su vagina,en mi cabeza imaginé que el tacto era como si estuviera tocando su dedo debajo de la uña,pero además estaba húmeda. Naturalmente en ese entonces no sabía lo que sé ahora, y lo primero que pensé fue: "¡Ag! ¡Ella se orinó en mi mano!" y pues, naturalmente no le volví a hablar, por cochina.
No volví a utilizar mi mano derecha para nada, no tomé apuntes, guardé todas mis cosas en mi mochila con mi mano y limpia. Salí lo más rápido que pude, corriendo en dirección a mi casa, y creo que me lavé las manos como treinta minutos, para que no quedara ningún vestigio de su orina en mi mano. No pude ser más tonto.
2. En ese mismo salón de la anécdota anterior, está esta otra, por primera vez me enamoré, pero no es de la chica a la que le metí mano debajo de la falda, yo estaba profundamente enamorado de otra, creo que podría decir que fue mi primer amor, pues aunque me gustaron otras niñas antes, por ella lo hubiera dado todo. Incluso creo que ahora, las chicas con las que salgo, el rasgo que tienen en común es que se parecen a ella, mi primer amor. Stefany era su nombre, aunque no estoy muy seguro de la escritura.
Era una niña hermosa, de piel blanca, cabello castaño, ojos un poco achinados y un lunar sobre el labio (algo pequeño, nada exagerado). Me encantaba todo de ella, soñaba con ella, a veces aún lo hago. Por alguna extraña razón siempre andaba con un niño negro que decía ser su hermano, en ese entonces me parecía raro, pero no creía que fuera imposible. Esta vez no hay anécdota sexual, simplemente me enamoré profundamente por primera vez, y lo más que hice, fue perder un recreo por hacerle un dibujo de ella que me pidió, pues consideró que yo dibujaba bonito.
3. Volvemos a lo sexual. En ese mismo colegio, recuerdo que había una costumbre en el recreo, los chicos mayores tenían la costumbre de sujetar a una chica, dentro de un salón, y nos llamaban, y todos los niños del colegio íbamos y tocábamos a la chica en cuestión, y nuevamente sin saber por qué, yo siempre trataba de meter la mano debajo de su calzón.
Muy interesante, también tuve anéctodas con lo sexual a esa edad pero nada parecido a tu caso.
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